Enero, 2009
Cuando todo hacÃa presagiar lo peor, el film de David Frankel cumple porque de manera honesta muestra todas sus fallas y en esa sinceridad permite ver los aciertos y los errores de sus personajes, sin eludir la amargura y la tristeza.
Clint Eastwood comienza el año con una thriller oscuro de época que se asienta en una estructura sólida y un guión cuidado.
Es la fiel demostración que Frank Miller es un gran creador de cómics, que ha dado al mundo personajes entrañables y brillantes, los cuales serán héroes e Ãdolos durante muchÃsimos años. Pero que como director de cine, deja bastante que desear.
El director de Viviendo con mi ex vuelve en SÃ, señor a la comedia romántica con gran sentido de la realidad, pero carece de las dimensiones de aquella amarga pelÃcula.
Contundente, inteligente y emotiva, este regreso de Disney con aroma a Pixar tiene todos los ingredientes para conmover a cualquier espectador.
Esta producción es una valiosa cinta que, junto a la precisa labor técnica y a la brillante tarea actoral, apunta a reflexionar y a ver un poco mas allá de la historia, intentar comprender (o descifrar) algunos conceptos ocultos dentro de la trama.
Una visión sobre las conexiones entre la polÃtica y el crimen, o sobre quiénes son los buenos y quiénes son los malos que parece concebida para niños con problemas mentales.
Un film entretenido, bien realizado desde todos los aspectos técnicos y acertadamente actuado. Pero su valor principal radica en mostrar respeto y gratitud a la historieta que dio origen.
Lo que irónicamente le faltó a este debut de Carlos Cuarón tras una larga trayectoria como guionista, son momentos en cancha que realcen ese tono épico que tiene el deporte.
Luhrmann sà es excesivo. O lo es donde conoce y se siente seguro, lo que de cierta manera le quita una cuota de impulsividad. Pero abusa.



