Nombre Original: Choke
Origen: EE.UU.
Director: Clark Gregg
Reparto: Sam Rockwell, Anjelica Huston, Kelly MacDonald, Brad William Henke, Jonah Bobo
Guión: Clark Gregg sobre una novela de Chuck Palahniuk
FotografÃa: Tim Orr
Música: Nathan Larson
Montaje: Joe Klotz
Duración: 98 minutos
Año: 2008
6 puntos
Sexo sentido
Por Mex Faliero
Sobre un libro de Chuck Palahniuk ya habÃamos tenido la desagradable experiencia de El club de la pelea, superficial y publicitaria mirada sobre la alienación de fin de siglo (pasado) revestida de importancia posmoderna. Y con Asfixia las cosas no generaban mayor expectativa, teniendo en cuenta los materiales sobre los que se trabajaba: un adicto al sexo que desea saber quién fue su padre, mientras asiste a su madre internada en un hospital para enfermos mentales. Si bien las cosas no son una maravilla, el film se sostiene principalmente porque su director, Clark Gregg, no deja de ser un actor y, por eso, termina queriendo a sus criaturas.
Para que lo ubiquen, Gregg es quien interpreta al agente Coulson en la saga de Iron Man, y que aquà se reserva un papel ingrato, el del jefe de VÃctor Mancini (Sam Rockwell) en esa reconstrucción didáctica de la Norteamérica colonial apta para visitas guiadas de colegios donde se desempeña. AhÃ, un apunte interesante: en esa América conviven varias mujeres fáciles, este fanático del sexo y su amigo Denny (Brad William Henke), un adicto a la masturbación. Asfixia deja en claro que de un paÃs que se construye con una pasión prostibularia, no se puede esperar demasiado. Y ese paÃs es, está claro, EE.UU.
Asfixia tiene un serio problema: evidentemente que VÃctor crea ser el descendiente de Jesús, porque su madre se robó un trozo de pene en el Vaticano, hubiera necesitado un director más preciso con el humor. Si bien la historia transita por temas serios como las relaciones materno-filiales, la doble moral o las represiones sexuales, la forma de llegar a ellos es totalmente disparatada. Sin embargo, el film transcurre por un camino demasiado normalizado. La extrañeza sobre la que se habla en los primeros minutos no lo es tal a partir del prólogo: vemos gente común en situaciones ordinarias, pero corridas de su centro por algún evento especial.
Sin embargo las actuaciones de Rockwell y Anjelica Huston (como la madre de VÃctor) hacen crecer el relato. En el caso de Rockwell es singular: generacionalmente pertenece al mismo grupo de actores que Edward Norton, casualmente protagonista de la mencionada El club de la pelea. Si bien ambos tienen condiciones que, mal manejadas, pueden desembocar en sobreactuaciones, Rockwell logra imprimir siempre tras sus personajes desbordados, una cuota de humanidad alejada del divismo habitual con el que se conduce Norton. Esta es una de las diferencias entre El club de la pelea y Asfixia, dos historias potencialmente cÃnicas y distantes, cancheras e ingeniosas, pero carentes de lógica y amor por el arte.
Y en el caso de la Huston, qué decir de una de las mejores actrices de todos los tiempos que no se haya dicho. Mujer de una presencia fÃsica y seductora, aquà juega a su personaje en dos tiempos y se vale de pequeños retoques de maquillaje para demostrar vitalidad o decadencia, según sea. Su Ida Mancini en el hospicio es una mujer desbordada por el tiempo, complicada con la memoria, pero más aún con los recuerdos. ¿Cuánto de lo que olvida será cuestión de la enfermedad y cuánto una necesidad para poder cerrar su historia?
Asfixia se complica, principalmente, porque con el talante de su protagonista (que además de todo lo lascivo que puede ser, se fabrica accidentes en restaurantes para ganarse la indulgencia de gente que le salva la vida y luego le hace donaciones) es muy difÃcil simpatizar. Pero primero Rockwell con sus crispaciones siempre precisas y segundo Gregg animándose a comprender antes que burlar a su personaje, logran construir un ser con varias dimensiones. Teniendo en cuenta los temas que se abordan, Asfixia se parece en sus resultados a La secretaria, aquel film con James Spader que se animaba a construir un amor entre dos seres perversos. Aquà pasa algo parecido: David no llegará al final de su travesÃa sin culpa, pero también es cierto que lo hará a partir de comprenderse a sà mismo -y con él la pelÃcula- y manteniendo, aunque un poco corrido, su lugar en el mundo. Que, diablos, el sexo también es parte de la humanidad.













Comentar