Rápidos y furiosos 5

Título original: Fast and Furious 5 – Fast five
Origen: USA
Director: Justin Lin
Reparto: Paul Walker, Vin Diesel, Dwayne “The Rock” Johnson, Jordana Brewster, Tyrese Gibson
Guión: Gary Scott Thompson, Chris Morgan
Fotografía: Stephen F. Windon
Montaje: Kelly Matsumoto, Fred Raskin, Christian Wagner
Música: Brian Tyler
Duración: 105 minutos
Año: 2011


4 puntos


¿Qué es el cine de acción?

Por Rodrigo Seijas

Habrá que hacerse cargo, pero la saga de Rápido y furioso representa un amplio rango de gusto del público, es de las más representativas de los últimos tiempos. La primera parte era una copia lavada de Punto límite, aquel excelente filme de acción con Keanu Reeves y Patrick Swayze. Pero Kathryn Bigelow tiene mucha más capacidad como realizadora que Rob Cohen (que en ningún momento sale del estereotipo y se refugia en una mirada sobre los límites impuestos por la ley que es tan cómoda y supuestamente copada como incoherente e irresponsable) y aprecia de verdad a sus personajes, con lo cual no construía marionetas, sino personajes en los que podía apreciarse sus alcances y límites ideológicos, morales y éticos. La segunda entrega era una versión idiota de División Miami, sin el análisis de las superficies ni las descripciones problematizadoras de los roles de policías, criminales y las distintas organizaciones, además de un Paul Walker cada vez más desorientado y un Tyrese Gibson creyendo que para ser malo sólo basta poner de cara de malo y hacer chistes idiotas. La falta de capacidad de John Singleton para darles fluidez a los diálogos en este filme era llamativa y hasta por momentos parecía que no había nadie detrás de cámaras. El tercer filme tenía como único punto rescatable el personaje de Han, una especie de samurái de las carreras automovilísticas interpretado con una gran solvencia por Sung Kang. La cuarta no tenía mucho más sentido que el refrito, con un Vin Diesel haciendo todo de taquito (y mal), el personaje de Walker ya demostrando una incoherencia absoluta, vueltas de guión totalmente previsibles y un final completamente hipócrita.

Puedo entender ciertas variables del éxito de esta franquicia (más que nada por el extremo cálculo que denota), pero algo que siempre me costó explicarme es por qué tiene tan buena llegada con las mujeres, a pesar de su evidente machismo y misoginia, donde la figura femenina es un mero a disposición del hombre y nada más. Podemos encontrar una especie de respuesta a esto en la minicrítica de Martina Hirsch, que señala que “sí, la película machista y racista” pero también, comparándola con sus predecesoras “la más delirante, la más espectacular, la más entretenida de todas”, como si lo segundo pudiera compensar fácilmente lo primero. No, Martina, no. No se pueden justificar semejantes defectos a partir de esas virtudes. Y menos de parte de una mujer. Es como si nos refiriéramos a un hombre que maltrata permanentemente a su pareja y lo justificáramos porque es muy bueno en la cama. Para dar un ejemplo concreto cinematográfico: Duro de matar es entretenida y espectacular, pero no se sostiene solamente en sus escenas de acción, sino también en personajes bien delineados, una historia bien contada y un discurso que problematiza las acciones terroristas, el valor de las ideologías en la contemporaneidad y la mirada corporativa. Porque si no fuera así, sólo habría que dedicarse a filmar toda una sucesión de secuencias de acción. Pero por suerte, a pesar de que a algunos críticos (y críticas) eso ya no les importa tanto, nociones como narración, relato, construcción de caracteres y coherencia en la trama siguen importando.

Tras esta larga introducción, podemos coincidir con Hirsch en que Rápidos y furiosos 5in control es la mejor de toda la saga, aunque por razones un poco diferentes. Básicamente, porque lo machista, lo misógino, lo racista y lo xenófobo están bastante aplacados, aunque el filme está lejos de ser óptimo. Lo que se percibe es una lucha constante entre un filme sobre un robo -con reminiscencias a La estafa maestra, La gran estafa y El gran golpe-, bien narrado, que pone a disposición todos los elementos posibles para impactar, y la secuela a la que está obligada a ser la cinta.

Cuando el director Justin Lin se concentra en lo primero, es donde más sale ganando, porque lo que importa es la reunión de un equipo de profesionales que planean dar un último gran golpe que les permita comprar su libertad y escapar tanto de una organización criminal ultrapoderosa como de un grupo táctico que los busca por haber asesinado supuestamente a tres agentes de la DEA. Allí surge un personaje femenino con cierta iniciativa (que igual está lejos de ser un monumento feminista y en otros cede al machismo habitual), se parodia el discurso sexista, el relato avanza sin demasiados tropezones, algunos personajes de reparto cumplen con su objetivo de comicidad y otros que en entregas previas eran insoportables ahora son más tolerables. Igual, no dejan de percibirse serios defectos: para el filme, Río de Janeiro está compuesta básicamente por favelas y playas, con mujeres espectaculares o mujeres definitivamente feas, todo está controlado por el narcotráfico y la policía es una organización enteramente corrupta. No vamos a pretender que Brasil ha ingresado en el paraíso de la pureza, pero no estaría mal que el cine estadounidense deje de pensar Latinoamérica como un conjunto de repúblicas bananeras.

Lo peor es cuando la trama se ve obligada a recurrir a las raíces de Rápido y furioso. Allí aparecen otra vez la mujer-objeto, los giros de la narración tirados de los pelos, la visión hipócrita sobre lo que significa ser un marginal (los personajes se la pasan hablando de códigos y reglas de conducta, pero tanto ellos como la película no se hacen cargo de lo que están diciendo) y una mirada sobre la ley en donde el objetivo avala cualquier medio (el personaje de Dwayne Johnson habla sobre el profesionalismo y las normas, pero termina siendo un baluarte perfecto del intervencionismo sin límites y la justicia por mano propia).

Rápidos y furiosos 5in control es una película mucho más problemática de lo que parece y que a pesar de unas cuantas virtudes no deja de tener falencias demasiado importantes como para dejarlas pasar. No es lo peor del año, pero definitivamente no es algo maravilloso o un entretenimiento pasajero como algunos pretenden señalar. En cierto punto, sirve como ejemplo de que el cine de acción también debe tener una línea de conducta y un piso de exigencia, que el entretener es mucho más de lo que se cree.