Un niñero sinvergüenza

Título original: The Sitter
Origen: EE.UU.
Director: David Gordon Green
Guión: Brian Gatewood, Alessandro Tanaka
Reparto: Jonah Hill, Max Records, Ari Graynor, J.B. Smoove, Sam Rockwell, Landry Bender, Kevin Hernandez, Kylie Bunbury, Erin Daniels, D.W. Moffett
Fotografía: Tim Orr
Montaje: Craig Alpert
Música: Jeff McIlwain, David Wingo
Duración: 81 minutos
Año: 2011


8 puntos


Los jóvenes de hoy en día (II)

Por Mex Faliero

El título de este texto está relacionado con el de la crítica de Comando especial publicada recientemente en el sitio (pueden leerla acá). Allí hacíamos mención a la capacidad de la película para releer la serie sobre la que estaba basada, introducirla en el marco de un subgénero como las películas de colegio secundario, y a partir de ese movimiento terminar construyendo una muy inteligente reflexión sobre qué es ser joven hoy. Pero además, por parábola, y porque la película es un dispositivo cinematográfico de y para el cine, convertir esa mirada social en deliberación genérica: Comando especial, en el año donde se estrenó una enésima secuela de American Pie, viene a decir que ese tipo de adolescencia murió en algún confín de los 90’s, y que la comedia adolescente hoy debe entender esto para no quedar desactualizada. Comando especial es, también, otro producto que se sirve de la figura iconográfica de Jonah Hill, actor que de Supercool en adelante ha ido desarrollando una capacidad asombrosa para construir personajes jóvenes entre loosers y miserables, que hacen parecer a Glee como una convención de mormones. La capacidad de Hill está en no repetirse (¿entendiste Michael Cera?) y jugar sobre un mismo estereotipo redibujándolo y ajustándolo constantemente (algo similar a lo que hacía el Adam Sandler de los 90’s), pero mostrando un crecimiento progresivo. Ninguna otra cosa es su personaje de Moneyball, una variación casta del gordo deforme y agresivo al que no le sale una. Un niñero sinvergüenza, que llega directo al dvd, es otro ejemplo de eso.

Al igual que Comando especial con la comedia de colegio secundario, esta película del ecléctico David Gordon Green (saltó de la independencia de George Washington al centro de la comedia americana con Piña Exprés o ¿Su alteza?, y en breve hará la remake de Suspiria de Argento) juega con ese subgénero algo bastardo de comedias sobre niñeros improvisados, que habitualmente han virado para el lado de la acción (Schwarzenegger, Vin Diesel, The Rock pueden decir algo al respecto) pero que en este caso se bifurca por el lado de la comedia lunática de travesía nocturna, de Después de hora a Supercool o Nick y Nora – Una noche de música y amor. Esta serie de influencias le aporta a Un niñero sinvergüenza un colchón sobre el cual poder especular y jugar con las expectativas del espectador, pero que con la presencia de Jonah Hill como ese muchacho que se tiene que hacer cargo de tres pequeños durante unas horas, tiene la capacidad para reflexionar nuevamente sobre la juventud y, profundizando aún más, la infancia. Porque Un niñero sinvergüenza es un retrato sobre aquellos jóvenes pero también sobre los que lo serán dentro de unos pocos años.

Un niñero sinvergüenza tiene los momentos de humor extremo típicos de este tipo de comedias, incluyendo drogas, mucho sexo verbal, violencia, un submundo deliberadamente desaforado (la cima es ese mafioso que interpreta Sam Rockwell), y un ritmo voraz construido en base a secuencias de puro clima cómico, donde la química entre Hill y los pequeños Max Records, Landry Bender y Kevin Hernández es perfecta. Es ahí donde la película gana, en esa relación que van construyendo el niñero y los chicos, y donde se vuelve a trabajar, como en Comando especial, como en las comedias de Hill, con una mirada tierna sobre la infancia y la adolescencia. Los temas que se van filtrando en este vínculo pasan de lo absurdo (cierta adicción a las explosiones en uno) a lo sensible (la homosexualidad reprimida en otro), y ponen de manifiesto que ya no estamos ante chicos eminentemente barderos (eso lo aprovecha, y muy bien, la película durante su primera media hora) como en aquellas comedias de los 80’s o 90’s, sino ante niños-personas con sus personalidades complejas y sus conflictos de peso. Puede que el film resuelva todo con una mirada demasiado positiva y que el personaje de Hill se torne bastante moralista con algunos personajes (aunque hay amor interracial sin que eso se resalte especialmente), pero no deja de ser atractiva en Un niñero sinvergüenza su actualización de un subgénero por la vía de exponer claramente y sin tapujos los conflictos de los jóvenes de hoy. Y no perder la presencia cómica en ningún momento. Jonah Hill es a la comedia adolescente hoy lo que fue hace tres décadas John Hughes. Experto en diversión.


Responder